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Esta artesanía ha llegado a ser vendida en Inglaterra, España, Francia, Portugal, Alemania, Egipto y casi todos los países de América
José Pelayo Montoya Sánchez (85), es uno de los mejores conocedores del origen del sombrero “Shilico”. “Don Pelayo”, como lo conocen sus vecinos, cuenta que Baltasar Cotrina y Melchora Gonzáles, se enamoraron desesperadamente y anhelaban unir sus vidas contrayendo matrimonio, pero los padres de ambos se odiaban y al no poder lograr su propósito acordaron huir lejos donde nadie impida su unión.
En su huída, unos arrieros los condujeron hacia Chilete y de allí en ferrocarril a Pacasmayo, estando en el puerto, enrumbaron Pimentel donde residieron por dos años. Aquí nació su primera hija, María Josefa.
Sabiendo que el padre de Melchora los buscaba, se embarcaron a Guayaquil (Ecuador), donde establecieron su residencia por muchos años.
Cuando María Josefa tenía 15 años se conoció con el ecuatoriano Juan Solis Oviedo, quien se enamoró profundamente de la bella celendina; se presentó a sus padres pidiendo consentimiento para casarse pero le negaron alegando que su hija era muy joven y no podían dejarla en un país extranjero.
En 1848 regresaron a Celendín; el Joven ecuatoriano siguió los pasos de su idolatrada María Josefa, se presentó a sus padres y con la promesa de vivir en Celendín, fue aceptado.
En poco tiempo, Solis llegó a una lagunilla conocida como “El Totoral” donde encontró abundantes plantas de junco, buena materia prima para confeccionar sombreros; posteriormente, el 17 de Junio de 1850 un grupo de amigos se reunió en su casa para aprender a tejer sombreros; este hecho marca el inicio de la confección de sombreros en Celendín.
Posteriormente, unos comerciantes celendinos, con el afán de obtener goma de canaquil muy requerida en el siglo XIX, recorrían las riveras del río marañón donde encontraron grandes cantidades de Bombonaje que al cortarla en delgadas tiras y puestas al agua hirviente se enrollaban, dando la forma de junco. Llevaron este producto a Celendín para confeccionar los elegantes sombreros blancos de paja toquilla.
En el primer gobierno de Manuel Prado Ugarteche (1939-1945), a través de la Dirección de Industrias se organizó una exposición Nacional de artesanía peruana. Celendín estuvo presente, el Alcalde Máximo Alfredo Marín Montoya, junto a Zaida Claraluz y Prepedigna Díaz, mostraron todo tipo de sombreros de paja toquilla y los materiales que se usan en su confección.
Víctor Araujo Cruz, actual propietario de una artesanía dedicada al arreglo de sombreros, dice que a pesar de no ser muy rentable, esta actividad es la base para el sostén de las familias, por eso invoca el apoyo de las autoridades locales y regionales.
El sombrero “Shilico”, ha llegado a ser vendido en Inglaterra, España, Francia, Portugal, Alemania, Egipto y a todos los países de América. No hay pueblo peruano que los “shilicos” no hayan visitado con sus fardos de sombreros.
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